Un año y un día

Un cuento victoriano.

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Nombre: D'Arath
Ubicación: DF, Mexico

I'm a creepy modern wizard, man!

jueves, marzo 23, 2006

Su esposo sintió un escalofrío al escuchar la palabra “eternidad”. Pero luego de meditarlo un poco, supuso que aquél era otro de los caprichos de su mujer. Y es que Janalyn era una mujer muy soñadora y que gustaba de imaginarse cosas fantásticas. En esos momentos, Rajmund recordó que aquélla era una de las principales cualidades que había descubierto en su esposa antes de casarse, y una cualidad que le alegraba, de hecho. Así que, quizá por eso, más que por meditar la verdadera propuesta de su mujer, él asintió. -Es verdad, querida. ¡Sería una idea estupenda!

Si hay que decir la verdad, Janalyn no esperaba que su esposo dijera tal cosa tan pronto. No sabía si él sentía alguna culpa por sus infidelidades o si simplemente no había entendido lo que ella le había dicho, pero aquello le alegró sobremanera. Así que antes de que su esposo cambiara de parecer, le pidió. -¡Oh, amado mío! ¿Me jurarías amarme por la eternidad?
-Ya te he dicho que es una idea estupenda.
-Pero, ¿lo juras?
-Sí, sí, Janalyn, lo juro.
-¡Oh! ¡Pero qué frialdad, Rajmund! ¡Dímelo!
-Pero si ya lo dije, querida.
-Pero no has dicho qué juras.
-Pues lo que me estás pidiendo, mujer: Juro que te amaré por la eternidad.
-¿Y que me amarás aunque la muerte nos separe?
-Sí, Janalyn. Aunque la muerte nos separe.
-¡Oh, Rajumnd! ¡Me haces tan feliz!
Y dicho esto, ella se abrazó de él como si alguien que se aferra a una roca para no caer por un precipicio. Su esposo la rodeó con sus brazos también, sintiendo un poco de culpa porque en ese momento pensó en su amante.
-Rajmund, Rajmund… Solo hace falta una cosa para sellar este juramento.
-¿Ah sí? ¿Qué hace falta?
-Vamos, querido, ¿no lo imaginas?
Pero aquél hombre no tuvo que imaginarse nada. Janalyn lo miró con aquélla cara que ponía cuando ardía en deseos de su cuerpo. No hace falta decir que aquél día, Rajmund no fue al otro pueblo, pues recordó entonces que también tenía un deber para con su esposa.

Pasaron algunos días. Una semana entera sucedió sin que Rajmund fuera a ver a su amante; y es que Janalyn le hizo repetir aquél juramento día tras día y a sellarlo de la misma manera que en el primero. Sin duda fueron buenos días para ambos, y su esposo tuvo menos urgencia de ir a visitar a la otra mujer por aquél entonces.
Al cabo de la semana, sin embargo, Rajmund supuso que “la otra” estaría preocupada por él, y afortunadamente para él, Janalyn decidió dedicarse a sus labores hogareñas antes que pedirle su juramento otra vez. De modo que el marido salió de su casa.
No bien pasaron unos minutos apenas, y su esposa salió detrás de él. Ya conocía el camino y conocía los lugares donde podía ocultarse de la vista de Rajmund. Desde luego, y como ella temía, él llegó a la casa de la otra mujer y aún alcanzó a verle besarse con ella a través de una ventana.
Eso fue el peor golpe que había soportado ella en su vida. Aún tenía la falsa esperanza de que Rajmund decidiera dejar a la otra luego de haberle jurado amor eterno durante 7 días y de sellar el juramento con su pasión, pero por lo visto, aquello no fue suficiente.

Así que la única manera de quedarse con el amor de su marido era matarlo; puesto que a ella le había jurado amor eterno, pero no a la otra. A ella le amaría eternamente, aún después de la muerte, pero no a la otra, pues a ella no se lo había jurado.
Janalyn regresó a su casa. Había decidido lo que haría.