Al cabo de las horas, la noche se presentó ataviada con un elegante manto de niebla. Los invitados se retiraron de la casa prometiendo regresar a la tarde siguiente, a la hora del té, para escuchar la nueva historia del vizconde.
…Y así fue.
A las cuatro en punto ya había unas doce personas sentadas en el salón principal esperando la llegada del vizconde. Todos habían llegado algunos minutos antes y el joven de Joudreem fue bastante puntual. Todos lo saludaron calurosamente y pronto fue presentado a las pocas personas que aún no conocía. Su rostro lucía jovial, pero no pudo reprimir un curioso brillo en la mirada cuando la señorita Greytower descendió por las escaleras; menos aún pudo evitar suspirar cuando se aproximó a ella para besarle la mano al saludarle.
En cuestión de instantes, la servidumbre se dispuso a servir el té a la manera acostumbrada. Al principio las pláticas no apuntaron a temas de un interés general, y al cabo de unos pocos minutos, lord Cavendish casi exigió que el vizconde comenzara con la historia que todos habían ido a escuchar.
-¡Por Dios, vizconde! No soportaré un minuto más escuchar hablar al señor Andrea de telégrafos y de códigos. He venido a escuchar una historia y él me habla de máquinas.
-Bueno -exclamó el mencionado señor Andrea, en el mismo tono bromista del lord-, si el joven vizconde no comienza a narrar su historia, alguien tiene que hablar de algo interesante.
Algunos pocos sonrieron con la chanza y el joven vizconde se disculpó por no haber comenzado antes.
-¿Qué tipo de historia desean escuchar hoy vuestras mercedes?
-Ayer nos prometió una mejor tragedia, vizconde. -Argumentó la condesa.
-Es verdad; pero también recuerdo que vuestra hermosa hija esperaba una historia más divertida.
La señorita Greytower volteó a ver al vizconde al escuchar que se refería a ella; antes de contestar contempló el cielo nublado a través de una ventana y luego respondió. -Para ser sincera, me temo que el clima no favorecería un cuento alegre. Quizá una mejor tragedia que la de ayer sería algo más adecuado.
-Con esas nubes -Agregó lord Cavendish-, estoy seguro que una historia de terror sería magnífica.
-Lord Cavendish es el único que podría considerar terrorífica a una puesta de sol o a la llegada de la primavera. No le haga caso, vizconde.
El joven de Joudreem sonrió ante el comentario de la amiga de la condesa. Pero antes de él había descubierto un peculiar brillo en la mirada de la señorita Greytower y supuso que la idea del lord no le parecía descabellada.
-Creo que esta tarde nublada me inspira para una historia de unos seres tan trágicos como terroríficos.
-¿Qué clase de seres podrían ser esos, vizconde? -Inquirió la condesa
-Unos seres que sienten un vacío eterno, condesa; y que a los demás nos parecerían monstruosos.
Al parecer, el vizconde logró el efecto deseado, pues en un momento obtuvo la atención de todos.
-Hoy les narraré un cuento de vampiros.
-¡Por todos los cielos! -Exclamó emocionado lord Cavendish- ¡Que a nadie se le ocurra proponer otra cosa!
Aquélla exclamación pareció alentar al narrador, pero no fue tanto aquello en realidad, sino la emoción mal disimulada de la hermosa señorita Greytower, la que provocó que las ideas brotaran en su mente como un torrente descontrolado que iba adquiriendo forma conforme las palabras se liberaban de su boca.
-…Esta historia sucedió allá en Rumania, hace un par de siglos acaso. Les contaré la historia de una joven llamada Janalyn.
Un año y un día
Un cuento victoriano.


1 Comments:
hola soy tu amiga la pastel........ visiten mi blog!
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ciao
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