Un año y un día

Un cuento victoriano.

Mi foto
Nombre: D'Arath
Ubicación: DF, Mexico

I'm a creepy modern wizard, man!

domingo, marzo 19, 2006

Después de aquélla breve entrevista, Don Pedro pidió que la encerraran en una de las mazmorras del lugar. Con esto se ganó la simpatía de algunos y, desde luego, la enemistad de otros. Pero él ya se imaginaba que así serían las cosas. Más aún: estaba acostumbrándose a ello.
Luego de que se llevaran a la joven bruja, quien aún sollozaba, Pedro despidió al resto de la gente alegando sus múltiples ocupaciones; lo que también era cierto. Algunas personas que habían ido a defender a la bruja le rogaban al inquisidor que fuera indulgente con ella, a lo que él respondía que “el sufrimiento purifica los pecados” y que esperaba que no fuera tan pecadora como él aún creía. Acto seguido, despachó al resto de personas y se dirigió a las mazmorras donde habían encerrado a la acusada.
Al llegar, pidió al guardia que los dejara a solas y entró en la celda. La pobre mujer se había acurrucado en un rincón para seguir derramando lágrimas y apenas levantó la vista cuando la imponente figura se aproximó a ella.
-¿Qué te sucede? -Preguntó el recién llegado, como si no tuviera una idea. Es de esperarse que la mujer lo considerara un estúpido pues él mismo la acababa de mandar encerrar hacía menos de una hora. Así que se limitó a contemplarle con incredulidad.
Al no haber una respuesta, Don Pedro se acercó aún más, a lo que ella reaccionó acurrucándose aún más contra la fría roca de la celda.
-Yo… lo siento. No quise ser duro contigo allá arriba. Es solo que… bueno, uno debe tener un rostro ante la gente. La situación es difícil, y a las personas no les gusta lo que hacemos. ¿Me entiendes?
Ella asintió, pero en realidad lo hacía más por seguirle la corriente que porque entendiera del todo lo que aquél hombre le decía.
-Bien, solo… quería disculparme. Quedarás libre esta noche.
La mujer aún lo miraba sorprendida. Realmente no sabía qué esperar de aquél hombre. Cuando escuchó la palabra “inquisidor” hacía un rato antes había temblado de miedo, pues ya su vieja maestra le había hablado de las cosas que se decían de ellos en otros reinos; así que no confiaba mucho del todo en él. Pero ahora le hablaba con tanta franqueza y su situación podría llegar a ser tan difícil que supuso que no tendría otra opción más que confiar. Mientras pensaba en estas cosas, Don Pedro ya le había contemplado unos minutos y al fin decidió a salir de la celda.
Fue justo un paso antes de salir cuando la bruja le preguntó: -¿Por qué me ayuda?
Él volteó a verla, como si esperaba cualquier cosa para volver hacerlo -y en realidad así era- y se acercó nuevamente un par de pasos.
-¿Cómo te llamas? –Le preguntó.
-Isabela.
-Es un lindo nombre el tuyo -Hizo una pausa para contemplarle descaradamente a la luz de la antorcha, y luego continuó-. Te ayudo porque…
Hubo una pausa muy larga. Los ojos de él se clavaron profundamente en los de ella y la bruja comprendió entonces que era el fuego del corazón de aquél hombre el que le había salvado y no otra cosa. E hizo bien en comprenderlo entonces, porque un momento después, Don Pedro hizo algo impensable.

La besó.